domingo, 16 de agosto de 2020

DOS CASAS : Restauración Final

 

DOS CASAS (11): Restauración Final


Hemos venido hablando de cómo la familia de Israel (Casa de Jacob), las doce tribus, se dividieron en dos reinos: Israel (10 tribus del norte) y Judá (2 tribus más los levitas).  La Casa de Jacob ha estado dividida por siglos, al punto que ya no se reconocen como hermanos.  Pero esta separación no durará para siempre.



Jeremías profetizó acerca de las dos familias de la Casa de Jacob…
(Jeremías 33:23-26)  Vino palabra del Eterno a Jeremías, diciendo:  ¿No has echado de ver lo que habla este pueblo, diciendo: Dos familias que el Eterno escogiera ha desechado?  Y han tenido en poco a mi pueblo, hasta no tenerlo más por nación.  Así ha dicho el Eterno: Si no permanece mi pacto con el día y la noche, si yo no he puesto las leyes del cielo y la tierra, también desecharé la descendencia de Jacob, y de David mi siervo, para no tomar de su descendencia quien sea señor sobre la posteridad de Abraham, de Isaac y de Jacob.  Porque haré volver sus cautivos, y tendré de ellos misericordia.

(Jeremías 23:3-6)  Y yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicarán.  Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice el Eterno.  He aquí que vienen días, dice el Eterno, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra.  En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: El Eterno, justicia nuestra.

También el profeta Ezequiel recibió revelación divina de la restauración de las dos casas de Israel.  El capítulo 37 es crucial para entender esto.  Este capítulo comienza con la visión que tuvo el profeta en un valle, el cual estaba lleno de huesos secos. 

Algunos han interpretado que esos huesos secos son los judíos, pero el texto claramente señala que es la “Casa de Israel”. 

(Ezequiel 37:11-14)  Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la Casa de Israel.  He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos.  Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho el Eterno el Señor:  He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel.  Y sabréis que yo soy el Eterno, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío.  Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo el Eterno hablé, y lo hice, dice el Eterno.

A continuación, Ezequiel recibió la revelación de la restauración entre Judá y Efraín. 
(Ezequiel 37:15-23)  Vino a mí palabra del Eterno, diciendo:  Hijo de hombre, toma ahora un palo, y escribe en él:  Para Judá, y para los hijos de Israel sus compañeros.  Toma después otro palo, y escribe en él:  Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel sus compañeros.  Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano.  Y cuando te pregunten los hijos de tu pueblo, diciendo: ¿No nos enseñarás qué te propones con eso?, diles:  Así ha dicho el Eterno el Señor:  He aquí, yo tomo el palo de José que está en la mano de Efraín, y a las tribus de Israel sus compañeros, y los pondré con el palo de Judá, y los haré un solo palo, y serán uno en mi mano.  Y los palos sobre que escribas estarán en tu mano delante de sus ojos, y les dirás:  Así ha dicho el Eterno el Señor:  He aquí yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra;  y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos.  Ni se contaminarán ya más con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeliones; y los salvaré de todas sus rebeliones con las cuales pecaron, y los limpiaré; y me serán por pueblo, y yo a ellos por Dios.

Oseas recibió la misma revelación, y escribió:
(Oseas 1:11)  Y se congregarán los hijos de Judá y de Israel, y nombrarán un solo jefe, y subirán de la tierra; porque el día de Jezreel será grande. 


UN SOLO PUEBLO
Dios nos ha revellado  através de Isaías que Él no se ha olvidado de Efraín ni de Judá.  Aunque estén dispersos, él va a juntar a un remanente.  Los reunirá y los traerá de vuelta a la Tierra que Él escogió.   
(Isaías 11:11-13)  Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que El Eterno alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar.  Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra.  Y se disipará le envidia de Efraín, y los enemigos de Judá serán destruidos.  Efraín no tendrá envidia de Judá, ni Judá afligirá a Efraín.

Históricamente ha habido conflicto entre hermanos: Efraín (los gentiles) y Judá (el pueblo judío).  Pero Dios va a sanar esa enemistad y envidia.  Tal vez ahora no se reconozcan, pero lo harán, de la misma manera en que José reconoció a sus hermanos cuando ellos llegaron a buscar alimento a Egipto, y él era gobernador.  Primero los reconoció José, y luego él se dio a conocer.  Esa es una sombra de lo que pasará con la Casa de Efraín y la Casa de Judá en los últimos tiempos.

Pablo escribió: 
(Efesios 2:11-22) Por tanto acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.  En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.  Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.  Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo UNO, derribando las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.  Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.  Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.


Cuando los descendientes de Efraín reconozcan que forman parte de Israel físico, entonces se acabará el conflicto que hay entre hermanos, entre Efraín y Judá.  Al reconocer los descendientes de Efraín su verdadera identidad, entonces comenzarán a actuar como verdaderos israelitas.  Ya no tendrán envidia de los judíos.  También llegará el día en que los judíos reconocerán a su hermano Efraín. 

El mismo Caifás, sumo sacerdote en Jerusalén en el año en que Jesús fue crucificado, profetizó acerca del papel que el Mesías jugaría en la redención de toda la casa de Israel.  Juan lo explicó de la siguiente manera:
(Juan 11:49-52)  Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo:  Vosotros no sabéis nada; ni penséis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.  Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. 


Jesús vendrá a derribar los muros de separación entre las dos casas de Israel.  Caerá la religiosidad de unos y el paganismo de otros, y volverán a unirse como un solo pueblo.  La división se acabará.  Solamente habrá UN PUEBLO de Israel con UN SOLO DIOS, UN MESÍAS y UNA TORÁ.  Ambas casas deben seguir el mismo plan divino para alcanzar la plena restauración de Israel.

La restauración de Israel será en el marco del Nuevo Pacto.  Pero, ¿en qué consiste el Nuevo Pacto que hará el Eterno con Israel y Judá?
(Jeremías 31:31-34)  He aquí que vienen días, dice el Eterno, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.  No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice el Eterno.  Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Eterno: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.  Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: conoce al Eterno; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice el Eterno; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.

Ni Judá ni Israel (Efraín) han podido cumplir con toda la ley de Dios.  “No hay justo, ni aún uno” (Rom. 3:10).  Pero Dios nos ayudará a que podamos vivir en el orden que Él ha establecido gracias a que Él grabará en nuestros corazones Su Ley.  Nos va a ser natural obedecer.  El Nuevo Pacto no cambió la ley, sino el lugar donde estaba escrita.
(Ezequiel 36:24-28)  Porque os tomaré de las naciones, os recogeré de todas las tierras y os llevaré a vuestra propia tierra.  (25)  Entonces os rociaré con agua limpia y quedaréis limpios; de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos os limpiaré.  (26)  Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.  (27)  Pondré dentro de vosotros mi espíritu y haré que andéis en mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente mis ordenanzas.  (28)  Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres; y seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.

El Eterno va a unir a las dos Casas. Ya no van a ser dos pueblos, sino serán UNO.  Tanto los Hijos de Israel (Efraín) como los Hijos de Judá (los judíos) dejarán sus propios caminos, y se volverán al Eterno y preguntarán por las “sendas antiguas” que llevan a Sión.
(Jeremías 50:4-5)  En aquellos días y en aquel tiempo, dice el Eterno, vendrán los hijos de Israel, ellos y los hijos de Judá juntamente; e irán andando y llorando, y buscarán a el Eterno su Dios.  Preguntarán por el camino de Sion, hacia donde volverán sus rostros, diciendo: Venid, y juntémonos al Eterno con pacto eterno que jamás se ponga en olvido.




ISRAEL: DOS CASAS :Plan de Jeroboam

 

ISRAEL: DOS CASAS (6) Plan de Jeroboam


En tiempos de Roboam, hijo de Salomón, la nación de Israel se dividió en dos:


1. CASA del JUDÁ
Conformada por 2 tribus: Judá y Benjamín
Bajo el liderazgo del rey Roboam, quien se quedó con Jerusalén como su capital, donde se encontraba también el Templo.

2. CASA de ISRAEL
Conformada por 10 tribus: Rubén, Simeón, Efraín, Manasés, Aser, Neftalí, Gad, Zabulón, Isacar, Dan.
Bajo el liderazgo de Jeroboam, quien estableció su capital en Samaria.


En cuanto a la tribu de Levi, recordemos que estaba dispersa por todo el territorio de Israel.  A ellos les había sido asignada su habitación en las 48 ciudades levitas, en medio de todas las tribus (Josue 21). 

SE LLEVARON EL NOMBRE
Es importante notar que las Tribus del Norte se llevaron el nombre de “Israel”. 
¿Por qué?  ...Porque era su herencia.

Como ya mencionamos (en la parte 4), el nombre del padre (Israel) le era asignado al primogénito, y el derecho de primogenitura le fue otorgado a José (1 Cro. 5:1-2).  También como primogénito, José recibió doble herencia, y le fueron dadas dos tribus en nombre de sus hijos: Manasés y Efraín.  Pero de ellos dos, quien se quedó con la bendición de primogénito fue Efraín (Gen. 48), y con ello recibió el honor de quedarse con el nombre de Israel.   Por ello, en la división del reino, la tribu de Efraín se llevó el nombre de “Israel”, y por ende el reino del norte se puso el nombre de: Casa de Israel.

Aunque Roboam era el rey legítimo del linaje de David, su reino quedó con el nombre de “Casa de Judá”, por ser de la tribu de Judá.  Benjamín fue la única tribu que permaneció fiel a Judá, posiblemente porque en su territorio se encuentra el Templo y la capital del reino, Jerusalén.  A ellos se les unió posteriormente la tribu de Levi, no sólo los que estaban en su territorio, sino los demás que salieron huyendo del norte por las malas decisiones que tomó Jeroboam, como veremos a continuación…

REINO DEL NORTE
Jeroboam fue elegido por las tribus del norte como su primer rey.  Al principio todo iba bien, pero después Jeroboam llegó a sentirse inseguro y vulnerable.  Él temía que en cualquier momento le quitaran su posición como rey electo.  
(I Reyes 12:26-27)  Y Jeroboam se dijo en su corazón: Ahora el reino volverá a la casa de David  si este pueblo continúa subiendo a ofrecer sacrificios en la casa del SEÑOR en Jerusalén, porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor, es decir a Roboam, rey de Judá, y me matarán y volverán a Roboam, rey de Judá.

Todas las tribus de Israel iban a Jerusalén tres veces al año, para asistir al Templo a celebrar las Fiestas del Señor (Lev. 23).  Al ir a Jerusalén tan frecuentemente, Jeroboam temía que sus súbditos vieran que Roboam había cambiado, y quisieran regresar con el rey de Judá, descendiente de David.

Para evitar que las tribus del norte regresaran con Roboam, Jeroboam diseñó un plan que contemplaba lo siguiente:

a.  Sustituir el lugar de adoración
b.  Sustituir los sacerdotes
c.  Cambiar el calendario bíblico

La estrategia era cambiar el sistema religioso de las tribus del norte con el fin de evitar que ellos fueran a Jerusalén a adorar a Dios.  

Ahora veremos, una a una, las medidas establecidas por Jeroboam como parte de su plan para conservar su reinado…

a.  Sustituyó el lugar de adoración
(I Reyes 12:28-30)  Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto.  Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan.  Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante uno hasta Dan.

Jeroboam revivió la adoración al “becerro de oro”, tal como lo hicieron los israelitas en el desierto (Exo. 32).  Más que un “ídolo pagano”, ese becerro era una imagen falsa de Dios, quien los había sacado de Egipto.  

¿Cómo pudo el pueblo aceptar tal cosa?  Probablemente fue por conveniencia.  Jeroboam puso dos becerros de oro: uno en Betel, en la frontera sur de su reino, y el otro en Dan, en el extremo norte.  Los israelitas que vivían al norte ya no tenían que peregrinar largas distancias para “adorar a Dios”, pues lo podían hacer en Dan.  Los que vivían al sur ya no tenían que cruzar la frontera hacia Judá, pues tenían su lugar de adoración en Betel.  

Ciertamente los que se opusieron a esto fueron los levitas, y por ello Jeroboam tomó la siguiente medida…


b.  Sustituyó los sacerdotes
Los levitas conocían la Palabra de Dios, y no se prestaron a la manipulación de Jeroboam. Por ello el rey nombró a otros “sacerdotes” que sirvieran en el nuevo sistema de adoración que él estaba inventando.  
(I Reyes 12:31)  Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví.

El rol de los levitas entre todos sus hermanos era enseñar la Torá.  Por eso, Dios los había dispersado entre todas las tribus de Israel, en 48 ciudades levitas.  Las otras tribus les daban de sus diezmos, y así podían dedicarse a su rol asignado por el Señor.  Pero cuando Jeroboam cambió el sacerdocio, los levitas que vivían en el norte tuvieron que salir huyendo.  
(II Crónicas 11:15)  Y los sacerdotes y levitas que estaban en todo Israel, se juntaron a él desde todos los lugares donde vivían.  Porque los levitas dejaban sus ejidos y sus posesiones, y venían a Judá y a Jerusalén; pues Jeroboam y sus hijos los excluyeron del ministerio de El Eterno.  Y él designó sus propios sacerdotes para los lugares altos, y para los demonios, y para los becerros que él había hecho.


c.  Cambió el calendario bíblico 
Para evitar que los israelitas del norte desearan ir a Jerusalén a celebrar las Fiestas del Señor en sus tiempos establecidos, Jeroboam estableció una nueva fiesta para ser celebrada entre las tribus del norte.  
(I Reyes 12: 32-33)  Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho.  Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado.  Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso.

El nuevo sistema de adoración establecido en la Casa de Israel fue convirtiéndolos poco a poco en una nación que parecía más gentil que israelita, alejada de sus raíces hebreas y las costumbres instruidas por el Señor en Su Torá. 
(Oseas 8:11-12)  Porque multiplicó Efraín altares para pecar, tuvo altares para pecar.  Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña.

Pero Abba YHWH  los va a llamar al arrepentimiento…

ISRAEL: 2 CASAS (5): De Yacob a Salomón

 

ISRAEL: 2 CASAS : De Jacob a Salomón



Al morir Jacob, su familia se quedó en Egipto con José.  Pero los israelitas se multiplicaron, que preocuparon al Faraón.  Él no tenía memoria de José, por lo que esclavizó a los israelitas.  Pero Dios los liberó milagrosamente, tal como se lo había dicho a Abraham.  Dios designó a usó a Moisés para guiar a los israelitas a través del desierto, en camino hacia la Tierra Prometida.  Josué fue el líder designado para conquistar Canaán, la heredad que Dios dio a Israel y sus hijos.

Luego de la conquista, vino período de los jueces.  El primer rey de Israel fue Saúl: él era el rey que el pueblo pidió.  Pero el rey conforme al corazón de Dios fue David. Bajo su reinado, la Casa de Judá comenzó a gobernar sobre las 12 tribus unidas de Israel. Él estableció la capital del reino en Jerusalén, y consolidó a las doce tribus de Israel como una nación poderosa y reconocida ante las naciones vecinas.  A pesar de sus errores, David mejoró la situación política y económica de Israel, y promovió el respeto a  Dios y a la ley.  Él tuvo el deseo en su corazón de construir un templo para Dios, pero esta gran tarea cayó sobre su hijo heredero Salomón.


Salomón fue el rey más sabio de la historia; pero perdió el camino y se desvió tras sus pasiones.  Se casó con mujeres gentiles paganas e hizo alianzas con las naciones vecinas, abriendo así la puerta a la idolatría y al pecado.  Salomón se apartó de Dios, y por ello Dios decidió quitarle el reino.

¿Qué castigo le impuso Dios a Salomón por no haber guardado el pacto divino?
(I Reyes 11:11-13)  Y dijo Jehová a Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé el reino de ti, y lo entregaré a tu siervo.  (12)  Sin embargo no lo haré en tus días, por amor de David tu padre; lo romperé de la mano de tu hijo.  (13)  Sin embargo no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo, por amor de David mi siervo, y por amor de Jerusalén la cual yo he elegido.

El siervo de Salomón, a quien le sería dado la otra parte de reino, era Jeroboam (I Reyes 11:26-28).

La palabra profética dada a Salomón también fue revelada a Jeroboam por el profeta Ahías.
(I Reyes 11: 29-40)  Aconteció, pues, en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de Jerusalén, le encontró en el camino el profeta Ahías silonita, y éste estaba cubierto con una capa nueva; y estaban ellos dos solos en el campo.  Y tomando Ahías la capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos.  Y dijo a Jeroboam:  Toma para ti los 10 pedazos; porque así dijo El Eterno Dios de Israel:  He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y a ti te daré 10 tribus; y él tendrá una tribu por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel; por cuanto me han dejado, y han adorado a Astoret diosa de los sidonios, a Quemos dios de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón; y no han andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos y mis decretos, como hizo David su padre.  Pero no quitaré nada del reino de sus manos, sino que lo retendrá por rey todos los días de su vida, por amor a David mi siervo, al cual yo elegí, y quien guardó mis mandamientos y mis estatutos.  Pero quitaré el reino de la mano de su hijo, y lo daré a ti, las diez tribus.  Y a su hijo daré una tribu, para que mi siervo David tenga lámpara todos los días delante de mí en Jerusalén, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nombre.  Yo, pues, te tomaré a ti, y tú reinarás en todas las cosas que desare tu alma, y serás rey sobre Israel.  Y si prestares oído a todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, e hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te edificaré casa firme, como la edifiqué a David, y yo te entregaré a Israel.  Y yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto, mas no para siempre.  Por esto Salomón procuró matar a Jeroboam, pero Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, a Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta muerte de Salomón.


ROBOAM SUBE AL TRONO
Al morir Salomón, su hijo Roboam subió al trono.  Pero él no prestó atención a las peticiones del pueblo para bajar los altos impuestos; más bien les puso una carga más pesada.
(I Reyes 12:13-15)  Y el rey respondió al pueblo duramente, dejando el consejo que los ancianos le habían dado; y les habló conforme a consejo de los jóvenes, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo, mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones .  Y no oyó el rey al pueblo; porque era designio de El Eterno para confirmar la palabra que El Eterno había hablado por medio de Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.

ISRAEL SE DIVIDE EN DOS REINOS
Ante la opresión de Roboam, muchas tribus decidieron separarse de Judá (la tribu real) y formar su propio reino.  
(I Reyes 12:16-19)  Y cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas.  (17)  Mas reinó Roboam sobre los hijos de Israel que moraban en las ciudades de Judá.  (18)  Y el rey Roboam envió a Adoram, que estaba sobre los tributos; pero le apedreó todo Israel, y murió. Entonces el rey Roboam se apresuró para subir en su carro y huir a Jerusalén.  (19)  Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy.

Cuando el pueblo oyó que Jeroboam había vuelto del exilio, enviaron a llamarle al norte de Israel para hacerlo rey. 

Para contrarrestar la rebelión, Roboam reunió 180,000 hombres de la casa de Judá y de la tribu de Benjamín con el fin de hacer guerra a las tribus rebeldes del norte y hacerlas volver bajo su autoridad (1 Reyes 12: 20-21).  Pero Dios lo frenó.
(I Reyes 12:22-24)  Pero vino palabra de El Eterno a Semaías varón de Dios, diciendo:  Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá y de Benjamín, y a los demás del pueblo, diciendo:  Así ha dicho El Eterno:  No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de Israel; volveos cada uno a su casa, porque esto lo he hecho yo.  Y ellos oyeron la palabra de Dios, y volvieron y se fueron, conforme a la palabra del Eterno.

Diez tribus de Israel se rebelaron contra Roboam, y nombraron a Jeroboam como su rey.  Solamente las tribus de Benjamín y Judá  permanecieron fieles a la casa de David, con Roboam como su rey. 

El Reino de Israel (Casa de Jacob) se dividió en dos naciones, conocidas por diversos nombres:




Al dividirse  la nación de Israel en dos, vino a cumplirse la promesa que Dios le había dado a Jacob después de cambiarle el nombre. 
(Génesis 35: 11-12)  También le dijo Dios: Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos.  La tierra que he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti, y a tu descendencia después de ti daré la tierra. 


Una nación:                      La Casa de Judá
Conjunto de naciones:      La Casa de Israel, asamblea de naciones





Quebré luego el otro cayado, Ataduras (lit. Unión),
para romper la hermandad entre Judá e Israel.
(Zac. 11:14)

ISRAEL: DOS CASAS (4) Primogenitura

 

ISRAEL: DOS CASAS : Primogenitura



DERECHOS DE PRIMOGENITURA
Antes de morir el patriarca de una familia, éste reunía a sus hijos a su alrededor para bendecirlos.  Al primogénito lo bendecía de una manera especial, ya que éste se convertiría en el próximo patriarca de la familia.  La gran responsabilidad del primogénito iba acompañada de ciertos privilegios…

Los derechos del primogénito eran los siguientes:
a.  Autoridad en la familia (patriarcado)
b.  Doble porción de la herencia
c.  El Nombre del padre (algo así como el “apellido”, hoy en día)

En el caso de Jacob, su primogénito, el primer nacido, era Rubén.  Sin embargo, él no recibió la “bendición de la primogenitura”. 
(Gen. 49:1-4)  Y llamó Jacob a sus hijos, y dijo: Juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los postreros días.  (2)  Juntaos y oíd, hijos de Jacob; y escuchad a vuestro padre Israel.  Rubén, tú eres mi primogénito, mi fortaleza, y el principio de mi vigor; principal en dignidad, principal en poder.  Impetuoso como las aguas, no serás el principal, por cuanto subiste al lecho de tu padre; entonces te envileciste, subiendo a mi estrado. 

La Biblia cuenta que Rubén se acostó con una de las concubinas de Jacob (Gen. 35:22).  Esto le costó su primogenitura. 

Pero si Rubén no recibió la bendición de primogénito, ¿a quién le fue dada?  Los que le seguían en orden de nacimiento eran Simeón y Levi, pero tampoco ellos recibieron este derecho por la vergüenza que hicieron pasar a Jacob al vengarse de la violación de su hermana Dina (Gen. 34).
(Génesis 49:5-7)  Simeón y Leví son hermanos: Instrumentos de crueldad hay en sus habitaciones.  (6)  En su secreto no entre mi alma, ni mi honra se junte en su compañía; que en su furor mataron varón, y en su voluntad arrancaron muro.  (7)  Maldito su furor, que fue fiero; y su ira, que fue dura: Yo los apartaré en Jacob, y los esparciré en Israel.

Ni Rubén, ni Simeón, ni Levi recibieron la bendición del primogénito.  En el primer libro de Crónicas explica a quien le fue dado este privilegio:
(1 Crónicas 5: 1-2)  Los hijos de Rubén primogénito, de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado por primogénito; bien que Judá llegó a ser el mayor sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos; mas el derecho de primogenitura fue de José.

Los derechos de primogenitura (autoridad, doble porción y el nombre del padre) fueron divididos entre José y Judá.  Veamos uno por uno:

a.  AUTORIDAD  (para Judá)
A Judá le fue dada la autoridad entre los hijos de Israel.
(Génesis 49:8-10)  Judá, te alabarán tus hermanos: Tu mano en la cerviz de tus enemigos: Los hijos de tu padre se inclinarán a ti.  (9)  Cachorro de león es Judá: De la presa subiste, hijo mío: Se encorvó, se echó como león, así como león viejo; ¿quién lo despertará?  (10)  No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Silo; y a él se congregarán los pueblos.

Judá recibió el honor de ser la tribu real de Israel, representada por el “cetro”, símbolo de gobierno. De su linaje iban a venir los reyes de Israel, el primero de los cuales fue David.  [Nota: el primer rey fue Saúl, de la tribu de Benjamín, pero él fue el rey conforme al deseo del pueblo, mientras que David fue el rey conforme al corazón de Dios]. 

La bendición que Jacob le dio a Judá es una “sombra profética” del Mesías Yeshua (Jesús), quien viene de la tribu de Judá, específicamente del linaje de David.  La palabra “Silo” literalmente significa: el Enviado. 


b.  DOBLE PORCIÓN (para José)
Como ya mencionamos, el primogénito recibía una doble porción de la herencia.  En el caso de Jacob, él dio la doble porción a José, en la forma de tribus. 

A José le tocaron dos tribus, representadas por sus hijos Efraín y Manasés (Gen. 41:50-52).  Ambos hijos habían nacido en Egipto, pero Jacob los adoptó.  Así fueron recibidos al mismo nivel que el resto de la descendencia de Jacob (Gen. 48:5-6).  Esta es una bella imagen de cómo el Señor adopta a los gentiles para formar parte de la familia de Dios (Rom. 11:24-26; Rom. 8:14-17).

La tribu de “José” se multiplicó en dos: tribu de Efraín y tribu de Manasés.  Por esta razón se sabe que eran 13 tribus.  Sin embargo, la Biblia habla de 12 tribus de Israel porque en la repartición de la Tierra Prometida se les dio territorios a todas las tribus (12), menos a Levi, ya que esta tribu fue apartada para servir a Dios.  A ellos sólo se les asignaron ciudades levitas repartidas por todo el territorio de Israel. 

c.  El Nombre del Padre (para José)
Cuando Efraín y Manasés fueron adoptados por Jacob, uno de ellos recibió uno de los derechos del primogénito: el nombre del padre.
(Génesis 48:8-16)  Y vio Israel los hijos de José, y dijo: ¿Quiénes son éstos?  Y respondió José a su padre: Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí.  Y él dijo: Acércalos ahora a mí, y los bendeciré.  Y los ojos de Israel estaban tan agravados por la vejez, que no podía ver.  Les hizo, pues, acercarse a él, y él les besó y les abrazó.  Y dijo Israel a José: No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también a tu descendencia.  Entonces José los sacó de entre sus rodillas, y se inclinó a tierra.  Y los tomó José a ambos, Efraín a su derecha, a la izquierda, de Israel, y Manasés a su izquierda, a la derecha de Israel; y los acercó a él.  Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito.  Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquese en gran manera en medio de la tierra.

Jacob no sólo los adoptó, sino que les dio la bendición de Abraham (tierra y descendencia).  Además, dijo que en ellos sería perpetuado su nombre: Israel.

Pero, entre los dos hijos de José, uno iba a ser “el mayor”, quien se quedaría con el derecho de la primogenitura...y para sorpresa de José, no iba a ser el hijo que nació primero.
(Gen. 48:17-22)  Pero viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le causó esto disgusto; y asió la mano de su padre, para cambiarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés.  Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque éste es el primogénito; pon tu mano derecha sobre su cabeza.  Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé; también él vendrá a ser un pueblo, y será también engrandecido; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia formará multitud de naciones.  Y los bendijo aquél día, diciendo: En ti bendecirá Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés  Y puso a Efraín antes de Manasés.  Y dijo Israel a José: He aquí yo muero; pero Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres.  Y yo te he dado a ti una parte más que a tus hermanos, la cual tomé yo de mano del amorreo con mi espada y con mi arco.”

[Nota: En la tradición hebrea, la mano derecha bendice al mayor, la izquierda al menor.] 

En la bendición a los hijos de José, Jacob profetizó que Manasés iba a ser un pueblo grande.  Pero luego señaló que Efraín, iba a ser el principal, y su tribu iba a formar una Multitud de naciones (Melo HaGoyim).  Esta palabra en hebreo significa literalmente; “plenitud de los gentiles”.  

Como toda profecía, las palabras no se entienden en el momento, sino hasta después…  Seguramente José y sus hijos no sabían lo que estas palabras significaban.  Pero ahora, con el beneficio de la retrospectiva histórica, podemos entender lo que Jacob quiso decir.  Esto es precisamente lo que descubriremos a lo largo de este estudio…Veremos el rol que jugará Efraín, y quiénes son ahora. 

Tal vez mucha gente pasa por alto estos detalles de la primogenitura entre el pueblo de Israel, pero son datos importantes para entender quién conforma el pueblo de Israel, y cómo se dividieron.  También es importante para entender la distinción que se hace entre Judá y Efraín en la profecía bíblica.  Por ahora, lo que debemos entender es que a Efraín le fue dado el derecho de llevar el nombre de “Israel”.  

Entrega en Getsemaní

 


Podemos pensar que la mayor aflicción que Jesús padeció fue en la cruz, ya que la muerte por crucifixión implica no sólo una tortura física sino también social, por ser expuesto a vergüenza pública. Pero los Evangelios nos revelan que el lugar donde Jesús pasó su mayor aflicción fue en el Jardín de Getsemaní, unas horas antes de su muerte. En eso reflexionaremos en este estudio:

ANUNCIA SU MUERTE
La aflicción que vino sobre Jesús no le tomó por sorpresa, ya que él sabía lo que le esperaba en los últimos momentos de su vida. Jesús ya sabía que iba a morir y a padecer, y se los hizo saber a sus discípulos.
(Lucas 9:22) y diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.

Aunque Jesús lo advirtió, los discípulos no quisieron creerlo. Por eso, Jesús les dijo lo siguiente:
(Lucas 9:44-45) Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras; porque acontecerá que el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres. Mas ellos no entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las entendiesen; y temían preguntarle sobre esas palabras.

Muchas veces tenemos ideas preconcebidas de cómo van a cumplirse las profecías de Dios; pero cuando viene el tiempo del cumplimiento, las cosas pueden darse de forma muy diferente a lo imaginado. Esto fue lo que le sucedió a los discípulos. Ellos esperaban que el Mesías se convertiría en el rey de Israel y los libraría de la opresión extranjera (Mesías hijo de David); pero lo que Jesús les estaba diciendo es que él iba a ser perseguido y moriría, en su primera venida (Mesías hijo de José). Esta era una idea que rompía sus paradigmas. Esto no cabía en su interpretación religiosa.

Muchas veces el Señor nos advierte sobre cosas que van a pasar, pero si no es lo que queremos oír, no lo aceptamos. Esto fue lo que le pasó a los discípulos de Jesús, ya que fueron advertidos por el Señor, pero ellos no quisieron ni siquiera preguntarle lo que quería decir, tal vez por miedo a la verdad. A veces actuamos como la avestruz, que esconde su cabeza en la arena, como si eso fuera a cambiar la realidad.

En el Evangelio de Mateo, leemos cómo Pedro reaccionó a la advertencia de Jesús:
(Mateo 16:21-22) Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.

Pedro estaba tratando de convencer a Jesús de no permitir que eso sucediera. Tal vez él lo dijo con buena intención, pero como dice el refrán: “De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”. Lo que Pedro no se imaginó es que estaba cometiendo un grave error al decir eso, ya que evitar ese sufrimiento se convertirá en la mayor tentación que Jesús va a tener que superar en su vida. Por esta razón, Jesús reaccionó tan fuerte a la sugerencia de Pedro:
(Mateo 16:23) Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

Unos días antes de su muerte, en camino a Jerusalén, Jesús les volvió a advertir a sus discípulos lo que le iba a pasar, añadiendo ciertos detalles:
(Lucas 18:31-34) Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará. Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía.

Jesús sabía lo que le sobrevendría porque esto había sido escrito por los profetas. El ejemplo más claro es el que encontramos en Isaías 53. Les recomiendo leer todo el capítulo, pero en esta instancia leeremos lo que se refiere a la aflicción que pasará el siervo de Dios:
(Isaías 53:3) Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
(Isaías 53:5) Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Jesús no sólo sabía lo que iba a sufrir, sino que también sabía cuál sería el fruto de su aflicción, porque todo eso tenía un propósito:
(Isaías 53:10-11) Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.

El conocimiento del propósito da sentido al sufrimiento. Jesús sabía que su aflicción daría un buen fruto. Pero para ello, debía tomar la decisión firme de hacerlo, ya que no sería fácil pasar por ese dolor, traición y burla—y sobre todo, la separación del Padre. Jesús tomó la decisión en el Jardín de Getsemaní.

JARDIN DE GETSEMANI
Getsemaní es un huerto en el Monte de los Olivos en lasa fueras de Jerusalén. Desde tiempos de Jesús hasta la fecha, en ese lugar están cultivados olivares. Se cree que algunos de los olivos de ese lugar puedan tener hasta dos mil años de edad. Esto es posible debido a la peculiaridad de los olivos, cuyos “hijos” (vástagos) crecen alrededor y llegan crecer al costado del árbol “madre” hasta incorporarse al tronco. Con el tiempo, el centro original del olivo se desintegra, pero los hijos alrededor toman su lugar, haciendo de un olivo viejo un árbol grande y ancho, que puede trascender de generación en generación.

La palabra “Getsemaní” viene de la combinación de dos palabras hebreas: “Gat”, lugar para prensar; y “Shemen”, aceite. En tiempos de Jesús, es muy probable que en ese huerto había una prensa de aceite. Es significativo que Jesús haya ido a Getsemaní en las últimas horas de su vida, pues fue allí donde su alma fue puesta a prueba, bajo una presión intensa y agobiante.

ÚLTIMA PASCUA
Unas horas antes, durante la celebración de la Pascua, Jesús les explicó a sus discípulos que Él entregaría su carne (representada por el pan) y derramaría su sangre (representada por el vino),
(Luc 22:19-20) Y habiendo tomado pan, después de haber dado gracias, lo partió, y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De la misma manera tomó la copa después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por vosotros.

AFLICCIÓN DE JESÚS
Luego de celebrar la Pascua en Jerusalén, Jesús llevó a sus discípulos al Jardín del Getsemaní.
(Juan 18:1) Después de haber dicho esto, Jesús salió con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto en el cual entró El con sus discípulos.

Para ese entonces, ya era media noche. Pero no se fueron a dormir, sino que Jesús todavía quería ir a orar, porque sabía lo que le sobrevendría en las próximas horas.
(Mateo 26:36) Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.

En Getsemaní, Jesús iba a tomar la decisión más importante de su vida, pero esa decisión le provocó angustia.
(Mateo 26:37) Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.

A lo largo de los Evangelios, vemos que Jesús solía estar siempre tranquilo. Nunca se le describe alterado, sino que siempre lo vemos en paz y en control, sin alternaciones emocionales. Pero en esta ocasión, se le describe angustiado, afligido y muy triste.

LA COPA
Jesús describió la decisión difícil que iba a tomar como “una copa”:
(Mateo 26:39) Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.

La figura de la copa va en conexión a la copa de vino que él hizo referencia en la Pascua:
(Mateo 26:27-28) Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.

Jesús explicó que la copa de vino que se bebe tradicionalmente en la cena de la Pascua era un símbolo de su sangre que iba a ser derramada para el perdón de los pecados. La Pascua en Egipto que libró a los israelitas de la esclavitud era la sombra de esa Pascua en que Jesús iba a ser el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29).

En Getsemaní, Jesús oró diciendo que no quería pasar esa copa, ya que implicaría ser separado del Padre. Tres veces clamó la misma oración en Getsemaní.
(Mateo 26:42) Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
(Mateo 26:44) Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.

Tres veces Jesús rindió sus deseos y su voluntad propia, afirmando que Él escogía hacer la Voluntad del Padre.

SUDÓ SANGRE
Todo este proceso de rendir su voluntad le causó una aflicción tan fuerte a Jesús, que provocó una reacción física inusual, descrita en la Biblia de la siguiente manera:
(Lucas 22:44) Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

El fenómeno de sudar sangre se conoce como: hematohidrosis. Es una condición en que las gotas de sudor salen manchadas de sangre debido a que los nervios capilares en los glándulas sudoríparas se rompen a causa de una tensión extrema. Esto puede suceder en condiciones de extremo esfuerzo físico o cuando se está bajo un estrés emocional demasiado fuerte.

Jesús estaba sufriendo tanto por la expectativa de lo que le esperaba y por la decisión que estaba tomando, que le provocó sudar con sangre. Esto es una señal de que el padecimiento emocional de Jesús fue extremo.

En el momento de su mayor necesidad, Jesús pidió el apoyo emocional y espiritual de sus discípulos, pero no le sirvió de mucho…

VELAD CONMIGO
Todos los discípulos acompañaron a Jesús a Getsemaní (excepto Judas); pero sólo a los tres amigos más cercanos les pidió que se acercaran al lugar donde él iba a estar orando. A ellos les pidió que lo apoyaran en oración (Mat. 26:38).
(Marcos 14:32-34) Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro. Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad.

Sin duda sus discípulos tenían la buena voluntad de apoyar a Jesús. Pero ya era tarde, y ellos no sabían la dimensión de lo que estaba ocurriéndole a Jesús en ese momento. Tal vez se pusieron a orar un momento, pero cayeron en sueño. Es probable que los discípulos no sabían la trascendencia de lo que estaba a punto de suceder. Pero Jesús aprovechó a darles una advertencia.
(Marcos 14:37-38) Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

Esta advertencia era para todos los discípulos, pues todos terminaron huyendo luego que Judas y los soldados llegaron a apresar a Jesús (Mateo 26:56). Pero el ejemplo más sobresaliente es el de Pedro, quien luego de decir que nunca dejaría a Jesús, aun a costa de su propia vida (Mateo 26:31-35), al final terminó negándolo y traicionándolo ante la amenaza (Mateo 26:69-75).

Todo creyente se enfrentará a momentos que todo parece normal, pero de repente el Señor nos manda una advertencia, ya que a la vuelta de la esquina nos espera una prueba. En esos momentos de prueba, no cuentan las intenciones, sino lo que vale es la decisión tomada de antemano luego de recibir la advertencia. En la Biblia, el llamado a velar está principalmente relacionado con su segunda venida (Marcos 13:32-37).
(Marcos 13:33) Estad alerta, velad; porque no sabéis cuándo es el tiempo señalado. 

Este es el llamado a los creyentes de todos los tiempos.
(Marcos 13:37) Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!

Varias veces Jesús fue a despertar a sus discípulos para pedirles que velaran, pero ellos volvieron a dormirse.
(Marcos 14:39-40) Otra vez fue y oró, diciendo las mismas palabras. Al volver, otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño; y no sabían qué responderle.

La última vez, luego que Jesús ya había rendido su voluntad completa al Padre, llegó a decirles que el tiempo ya había llegado.
(Marcos 14:41-42) Vino la tercera vez, y les dijo: Dormid ya, y descansad. Basta, la hora ha venido; he aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega.

Es curioso, y hasta irónico, que Jesús llegue a despertarlos para decirles que ya pueden dormir; pero en eso hay un mensaje: el tiempo de velar no es eterno, sino tiene un límite de tiempo. Es durante ese lapso de tiempo que uno puede hacer la diferencia; pero si uno no actúa en ese tiempo, lo que viene vendrá y uno ya no puede cambiar nada.

Cuando uno ora y vela, viene la revelación del propósito de la prueba y cómo podemos enfrentar ese momento; pero si uno no busca a Dios previo a la prueba, uno la enfrentará en la carne, en lugar de hacerlo en el espíritu, con la revelación que viene al velar y orar.

EL ANGEL
Un detalle lindo en la narrativa de Lucas es que la mención que un ángel sirvió al Señor en ese momento de angustia.
(Lucas 22:43) Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.

Al principio de su ministerio también se menciona que los ángeles servían a Jesús (Mateo 4:11). Jesús sabía que Él tenía a su disposición legiones de ángeles, pero lo importante para Él era cumplir la Voluntad del Padre (Mateo 26:53-54).

OTRO MOMENTO DE AFLICCIÓN
La segunda instancia en que vemos a Jesús sufrir tremendamente es cuando fue separado del Padre en la cruz, cuando él cargó con los pecados del mundo.
(Mateo 27:46,50) Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ...Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.

RENDIRSE COMO ÉL LO HIZO
Cuando Jesús anunció que él debía padecer como parte del Plan de Dios, también anunció a sus discípulos que todo el que lo siga también debe estar dispuesto a morir a sí mismo para hacer la voluntad de Dios (Mateo 16:24-27).
(Lucas 9:22-24) y diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día. Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.

A todo creyente le llega el momento en que tendrá que decidirse entre quedar bien con Dios o con el mundo. Cada uno decidirá con quién hará alianza.
(Lucas 9:25-26) Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles.

Nos toca el corazón ver lo que Jesús hizo por amor a nosotros. La pregunta ahora es: ¿Qué estamos dispuestos a hacer por él? ¿Estoy dispuesto a rendir mi vida a Dios, así como Jesús lo hizo por amor a nosotros? Esta es la pregunta que el Señor nos pregunta en estos tiempos.